22 de abr. de 2011 |
Sería muy extraño encontrar una persona en el mundo que no allá escuchado hablar aunque fuese una sola vez de la Torre Eiffel, y es difícil pensar en otra construcción tan representativa para una ciudad, al grado de que París sin su Torre Eiffel no sería París. Es por ello que considero que es una buena idea comenzar nuestra etiqueta de construcciones hablando un poco de esta maravilla moderna de la ingeniería, que dicho sea de paso, es una bella estructura, a los ojos de un ingeniero y de cualquiera que se jacte de ser un romántico.

Torre Eiffel

Investigando un poco su historia, es difícil creer que sus inicios fueron bastante turbulentos, porque los parisinos se oponían férreamente a la construcción “de un armatoste que no servía para nada y costaría mucho dinero”. El centenario de la Revolución Francesa estaba próximo, por lo que se planeaba la realización de la Exposición Universal, donde se pretendía que la torre fuera la atracción principal.

Considerando la magnitud del proyecto, y los tiempos que corrían, es sorprendente que al ingeniero Gustave Eiffel y su compañia solo le halla tomado tres años la planeación, y en 1887 comenzó su construcción que culminó el 31 de marzo de 1889, cuando fue inagurada, después de 2 años, 2 meses y 5 días de trabajo. De no haber sido porque la Armada Francesa colocó una antena de radio en la cima y descubrió que debido a su altura podía utilizarla para la colocación de equipos de comunicación la torre hubiese sido desarmada, tal como estaba planeado, en 1900, al finalizar la exposición para la que fue creada.

Hablando de números, que es algo que por aquí nos gusta mucho, podemos mencionar que pesa unas 11,700 toneladas. Su altura original era de 312 m, pero con la adición de antenas de radio y televisión ha llegado a 324 m; sin embargo, se ha reportado que debido a su propio peso su altura a disminuido 13 cm, cifra risible considerando sus más de 110 años de edad.

Su reinado como el edificio más alto del planeta duró hasta 1930, cuando el Edificio Chrysler (New York) le arrebató el récord. 18,000 piezas de hierro fueron unidas por unos 200 obreros con 2.5 millones de bulones, de los cuales la mitad no eran necesarios y fueron colocados solo para mayor seguridad. Sus cimientos alcanzan los 30 m de profundidad y su base ocupa un cuadrado de 125 m de lado. Si bien fueron las antenas de transmisión las que salvaron su existencia, actualmente cuenta con 116 de ellas.

Imagen: Foto Libre

Publicar un comentario